El Gato Maracajá de la Amazonía

Se puso muy alerta, sabía que debía permanecer en la selva, pero su curiosidad de gato era más que su instinto de supervivencia, además no se escuchaba un sonido de advertencia como lo haría él al toparse con otro depredador…

Por Ari Gatita.

Los rinteles seguían jugando y retozando en esa magnífica selva, ellos, pequeños silvestres estaban acostumbrados al ambiente natural, pero en los últimos años la voracidad de los humanos habían invadido sus ecosistemas y ellos se habían visto obligados a convivir con estructuras antinaturales, con especies diferentes, tanto del reino vegetal como del reino animal, además ya no había tantos árboles como ahí, no, en la ciudades los humanos acababan con los árboles y llenaban todo de arbustos.

El leopardo seguía vigilando, le divertía y hacía feliz los jugueteos de ese par de cacomixtles, se comportaban como él lo había hecho con sus hermanos cuando era un pequeño y su mamá cuidaba de ellos, ahora todos estaban repartidos por la selva y algunos habían fallecido al acercarse mucho a los limites cada vez más cercanos de los humanos, por eso él era cuidadoso, muy cuidadoso y aprovechaba su camuflaje para pasar desapercibido.

Los pequeños cacomixtles se habían aburrido de corretear, jugar e investigar y fueron a descansar al campamento, no sospechaban que eran seguidos por aquél ejemplar adulto de Gato Maracajá. Daniela ya estaba preocupada por no ver a ese par de traviesos y se lo comunicó a Tango, ambos no se atrevían a salir de la esfera protectora de Kitty, así que se sentaron a orillas opuestas para observar la magnífica selva y esperar la llegada de los pequeños, en eso estaban cuando Tango percibió el olor de un gran depredador, se preocupo por lo que les había dicho Jamal, se aprestó en la forma de León para lo que fuera necesario, sabía que por su edad y su ego externado que era un magnífico león de gran tamaño, casi tan grande como el que manifestaba Gitol, ya que él se consideraba su hermano y se veía igual de grande.

El leopardo de inmediato sintió el olor del león y se puso nervioso, no reconocía ese olor, era algo nuevo para él, pero inspiraba respeto y sabía que era otro depredador mucho más grande. Se puso muy alerta, sabía que debía permanecer en la selva, pero su curiosidad de gato era más que su instinto de supervivencia, además no se escuchaba un sonido de advertencia como lo haría él al toparse con otro depredador, tenía conciencia que aquél ser permanecía alerta, no estaba acechando como él así que pensó que lo correcto era presentarse y saber más sobre aquellos cacomixtles y aquél otro felino mayor.

El Leopardo amazónico se acercó al campamento, observó con admiración a ese enorme felino con melena que estaba frente a él y saludó: -Buen viaje, mi nombre es Saoul do Amazonía, quisiera saber que especie de felino eres y que son esos pequeños que estaban en mis dominios, vengo en son de paz, pero inquieto al ver a tan poderoso ejemplar-. Tango volteo a ver a ese Gato Maracajá y le respondió: -Mi nombre es Tango, ella, es mi compañera Daniela y los pequeños a los que haces referencia son unos pequeños cacomixtles, Daniela y yo somos pequeños felinos, pero yo estoy transformado en un León, regalo de Sekhmet, nuestra Diosa que es una Leona.

Blue regresó con el alimento de dragón y se lo ofreció a Sharik, éste observó sorprendido que se trataba de un líquido espeso y así se lo comunicó a nuestro voluntarioso amigo, éste le dijo: -No veas el alimento, cierra tus ojos, ponlo en tu boca y después me dices que pasa-, así lo hizo Ben Ashanti y ya en su boca aquél liquido se transformo en algo sólido, algo que se podía masticar y que sabía a ¡antílope!, rápidamente tragó ese bocado y siguió comiendo, en la boca de Blue se formó una sonrisa franca, sabía que para cualquier persona o animal, aquél alimento mágico tomaba forma y sabor, todo dependía de lo que más ansiaba la persona y sobre todo era muy nutritivo, un pequeño bocado restauraba la nutrición y satisfacía mejor que el alimento normal, pero eso era lo peligroso de aquél alimento mágico, uno podía acostumbrarse y depender tanto a él que podía dejar de comer todo lo demás y alimentarse solamente de él.

Gitol observaba a aquél pequeño león y sentía un profundo amor por él, de alguna forma le recordaba a su persona y sabía lo difícil que era vivir solo, a diferencia de Blue o Tango, había pasado una temporada valiéndose por si mismo, buscando su alimento y procurando su hidratación, sabía lo que era pasar una temporada sin probar bocado y sobre todo, sabía lo que la soledad, la más grande y fría soledad le hacía a un pequeño, entre más lo pensaba, más compasión, ternura y empatía sentía por aquel león, pensó en que lo que durara el viaje, él sería el mentor de aquel gran felino, sería un hermano para él y le enseñaría a cazar y a vivir en un mundo hostil, quería ver a ese gran felino con una manada y perpetuando su ya casi examine especie, esa sería su labor en esa tierra llamada África, dónde todavía se pueden encontrar a esos grandes felinos viviendo en libertad.

Ari Gatita

Mediados de Primavera 2021

Desde el Hogar de Transferencia.

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