Bob, su sueño por hacerse realidad

Los gatitos más pobres, salieron corriendo para ver si podían cazar algunos ratones, para agasajar a los héroes de los cuales habían escuchado tantas historias, ellos no podían agasajarlos con croquetitas o alguna lata…

Por Ari Gatita

Bob estaba emocionado debido a que el sistema de información le había avisado que ese día llegaba la caravana a su hogar. Hizo lo que nunca, se levantó temprano, limpió como pudo su casa, se puso de lo más guapo, no cualquier día se recibe a su ídolo, no cualquier día recibes a un famoso, no cualquier día se recibe a un poderoso mago que ha pasado muchas aventuras en tan breve tiempo. Bob quería lucir muy bien, presentarles a sus humanos y sobre todo agasajar a sus héroes con los mejores manjares del rumbo, así que le encargó a la gata más vieja que consiguiera lo mejor para ellos.

La gata sin nombre corrió a avisar a todos los pequeños del barrio que los aventureros llegarían ese día y que Bob el benefactor, les encargaba que consiguieran los mejores alimentos y que el gatito benefactor los esperaba en su casa para convivir con ellos, los perritos callejeros, los gatitos abandonados se pusieron a recorrer toda la colonia para conseguir los mejores alimentos para sus héroes.

La gata sin nombre fue a ver a su amigo el de la carnicería, el humano que más la quería y que le regalaba los pellejos y en el mejor de los casos un pedazo de carne o alguna sobra de los que los humanos desechaban, se acercó a el y empezó a rondarle por los pies, a ronronearle y no dejarle en paz para que el humano le diera algo de la carne que ella quería llevar a la reunión. Ella también admiraba a todos los aventureros y quería conocerlos, ver como eran en realidad, ya que según su experiencia, las noticias solían exagerar.

Los gatitos más pobres, salieron corriendo para ver si podían cazar algunos ratones, para agasajar a los héroes de los cuales habían escuchado tantas historias, ellos no podían agasajarlos con croquetitas o alguna lata, ellos tenían que ganarse su alimento de la «forma tradicional», ello implicaba asechar, tener mucha paciencia y por último cazar, además tenían que ver que animalito era el más débil o el enfermo para mantener un equilibrio natural.

Los perritos callejeros corrieron disparados al basurero, sabían que ahí encontrarían alimentos buenos que los humanos desperdiciaban y que todavía estaban en muy buen estado, algunos otros corrieron a los restaurantes y los mercados, para ver si encontraban a los humanos de buen corazón que les compartían los alimentos que estaban a punto de tirar a la basura.

La vida de la calle es muy dura y ellos, todos los pequeños que los humanos mal llaman «callejeros» son producto del abandono e irresponsabilidad humana, pero ellos no saben de eso, ellos tienen un corazón enorme y conocen mejor que nadie el significado de la «solidaridad», saben, a diferencia de muchos humanos, que es mejor ayudarse mutuamente para sobrevivir, para pasar una noche calentitos, para defenderse de los malos humanos y sobre todo saben lo que es disfrutar de la vida, una vida que para muchos es muy corta, pero a diferencia de la de los humanos es muy satisfactoria. Los pequeños a pesar de las heridas que les deja la vida se reponen muy rápido, no importa si un mal automovilista les llega a pegar con su auto, no importa si algún niño malvado les arroja piedras y llegan a perder un ojito o a lastimarse severamente una patita, ellos, se reponen, perdonan y siguen confiando en los seres humanos, saben que algunos tienen un corazón negro, pero otros, los mejores de sus especie tienen un corazón lleno de amor que no solo les proporcionan caricias que alivian su ya tan mal existir, sino, que además les dan un poco de alimento, un poco de agua para beber en ese desierto de concreto que ellos llaman ciudad, además existen los que los acogen y les atienden sus heridas, los que les hacen creer que el humano merece llamarse así y que les harán la vida un poco menos difícil de lo que ya es.

Bob estaba de lo más meloso con sus humanos, quería que le dieran de esos «premios», esa suculenta carne que viene en sobrecitos o en latita y que le daban cada vez que se ponía así, sabía que su héroe Cashitop le encantaría, según había escuchado por las noticias, que el pequeño mago había ocasiones en las que se había visto en la necesidad de comer solamente pellejitos de pollo, sabía que ese «premio» que sus humanos le obsequiaban le iba a gustar no solamente a Cashitop, sino, a Gitol, a Tango, a Kitty, a Blue y a Daniela, además de que las lechuzas solo comían carne y de seguro los cacomixtles no habían probado nunca un alimento así.

Todos los pequeños no humanos del barrio estaban en excitación, corrían de un lado a otro, reunían alimento, corrían a la casa de Bob y regresaban a cazar o a mimar a los humanos para que les brindaran un poco de alimento, querían agasajar a todos los aventureros y no querían que faltara nada, algunos más llevaban agua, sabían que iban a necesitar mucha ya que con algo tenían que calmar la sed de todos, así que todo era agitación, todo era extraño para los humanos que veían pasar perros y gatos corriendo de un lado a otro.

En casa de Bob, sus humanos veían con extrañeza y hasta temor que los animalitos llevaran no solamente comida, agua y estuvieran corriendo de un lado a otro, veían a través de las ventanas, no comprendían lo que estaba sucediendo, pero pensaban que algo importante estaba pasando, no querían interrumpir a esos pequeños en su labor, aparte de que no comprendían lo que pasaba.

En el autobús Cashitop estaba concentrado, sabía que iba a llegar a un lugar donde se le esperaba y el mismo quería agasajar no solamente a ese pequeño naranja llamado Bob, sino a los humanos, a los pequeños no humanos que seguramente estarían reunidos allí, sabía que el alimento de Dragón era adecuado para los pequeños, pero no sabía que reacción tendría en los humanos, tenían corquetitas de sobra y estando tan cerca de su hogar no las iban a necesitar, pero seguía existiendo el problema del alimento para los humanos, sus humanos siempre decían que nunca llegaran a una casa con las manos vaciás (bueno, en su caso sería las garritas), así que tenían que detenerse en algún lugar y adquirir comida humana, para así estar con los humanos.

Ari Gatita

desde el Hogar de Transferencia

Principios de Primavera 2021

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