Continuación del Cuento de Bob y las aventuras de los Asilados

Las miradas de las Diosas se encontraron y cada una supo que pensaba la otra en el momento y con esa mirada cómplice acoraron que por ésta ocasión debían de actuar juntas, debían de unirse y actuar en conjunto si querían derrotar a Apofis.

Por Ari Gatita

Bastet se había enfrentado en el pasado con el mismísimo señor del Caos, recordaba como había ayudado a su padre Ra en la lucha contra él en su forma de Apofis y recordaba que la había vencido ya, había pinturas de ella derrotándolo, pero ésta vez venía más poderoso, no dudaba en derrotarlo de nuevo, pero si intervenía sin la bendición de su padre Ra, tal vez los Dioses de la oscuridad se aliasen a él y eso desataría una guerra de proporciones inmensas, no, no debería intervenir, al menos no directamente, debía actuar con la misma inteligencia que lo estaba haciendo Apofis y esa era por medio de sus agentes.

Bastet sabía que Cashitop se estaba convirtiendo en un gran mago, llevaba parte de ella, de Sekhmet y su maestro era el mismo Dragón, la misma magia encarnada, confiaba en él y sabía que en compañía de sus hermanos del Asilo podrían hacer frente al Caos, pero no sería fácil, no, no sería nada fácil, el camino estaba lleno de dificultades y ya lo estaban viviendo los aventureros.

Sekhmet observaba con mucha atención a su hermana, al ser parte de un mismo ente, pero separadas entendía y sabía que pensaba su hermana, ambas eran la misma deidad, separada por sus caracteres que eran totalmente opuestos, pero que representaban la propia dualidad del universo, de Ra, su padre y del mismo ser humano.

Las miradas de las Diosas se encontraron y cada una supo que pensaba la otra en el momento y con esa mirada cómplice acoraron que por ésta ocasión debían de actuar juntas, debían de unirse y actuar en conjunto si querían derrotar a Apofis.

El Dragón Dorado estaba concentrado, el como encarnación de la magia sentía cuando alguien la usaba, fuera para bien o para mal, y en ese momento sentía como se estaba drenando mucha magia en un punto en especial del mundo, esa magia era poderosa, era magnífica, pero estabas siendo usada por el mismo Caos encarnado, estaba siendo utilizada por Apofis, la serpiente. El Dragón no podía hacer nada para detenerla, aún cuando esa magia era parte de él, no podría detenerla sin destruirse a si mismo, lo que si podía hacer era enviar más poder, más magia a su pupilo Cash, ese pequeño gato podría enfrentar a miles de magos malvados sin siquiera recibir un rasguño, pero todo se debía a que el Dragón estaba dotándolo de mucho poder, un poder que temía que podría destruir al pequeño, pero no tenía más opción, debía de seguir debilitando a Apofis y la única manera que tenía para hacer eso era enviarle la magia más pura a Cash.

En la caravana todos empezaron a experimentar de nuevo las chispas que sacaba Cash cuando se acercaban a él, eran ahora grandes descargas y chisporroteos de energía pura, pareciera como si ese pequeño gato estuviera conectado a la energía eléctrica de los toma corrientes del autobús, nadie quería estar cerca de él, todos le rehuían, eso no molestaba a Cash, estaba preocupado por las palabras de Bastet, por aquél gatito naranja que la Diosa le había encargado cuidar, lo que no entendía Cash era porque el Caos estaba persiguiéndolo, no entendía porque esa malvada entidad quería dañarlo, comprendía que les siguiera a ellos, ellos habían sido bendecidos por las Diosas y estaban todavía en una gran misión que no les había sido revelada aún, el sospechaba de que se trataba, por lo mismo no quería alarmar a nadie, amaba a sus hermanos, a los rinteles, a las lechuzas y empezaba a amar a ese gato llamado Bob, el cual se había preocupado mucho para verlos, al grado de repartir alimento para muchos pequeños necesitados y él, el pequeño Cash, amaba esa labor, el mismo había experimentado la vida en la calle y sabía que era muy difícil, sabía que la calle era la sentencia de muerte para todos los animalitos, todos dependían del ser humano, aunque muchos carecían de humanidad, los pequeños ya no tenían que cazar, las alimañas de las que muchos se alimentaban parecían poseer una inteligencia malvada, ya actuaban como manada, ya no se les podía cazar.

Cash se sentía poderoso, no en el sentido humano de la palabra, sentía como un inmenso poder empezaba a bullir por sus venas, sentía la energía positiva que le hacía pensar, sus sentidos se agudizaban más, su vista, miope en todos los gatos, empezaba a mejorar, su pelo se volvía muy sensible, sus vibrisas sentían el más leve movimiento, sabía que se estaba transformando en un ser único y eso le ocasionaba mucho temor, no quería sentirse así, el sabía que sus humanos le esperaban en su forma anterior y no sabía que reacción tendrían de un gato poderoso, un gato que nunca había existido jamás y que sospechaba que no lo habría en el futuro.

Gitol iba conduciendo la caravana, le toca a él manejar esa inmensa máquina y se sentía genial, el sentir el ronroneo de la maquinaria en sus pies de forma humana le hacían amasar el volante, si lo viera cualquier humano pensaría que el conductor iba escuchando una agradable música y éste se encontraba jugando con sus dedos con el volante, era increíble como los humanos y los felinos tenían comportamientos infantiles, eran tan parecidos y a la vez tan lejanos que a Gitol le provocaba sonreír, para él, ese acto totalmente humano le causaba más gracia y se reía en silencio.

Las lechuzas estaban anidando, los rinteles estaban recostados al pié del enorme árbol que estaba en la estancia mágica de aquel autobús, Kitty los vigilaba desde lo alto de un mullido sillón, Tango estaba durmiendo plácidamente y en esas posturas imposibles que le agradaban, Daniela y Blue estaban estudiando sus preciados libros, todo estaba en relativa calma, al menos eso creían.

En el Asilo había algo de desespero, la pandemía, las envidias, las malas personas que nunca faltaban estaban haciendo estragos con la economía, si no fuera por las personas que donaban regularmente alimento, los que proporcionaban un poco de dinero, las pocas compras, ya hacía tiempo que hubiera desaparecido, los humanos hacían lo que podían para sortear esas dificultades, pero cada vez era más penosa la situación.

Bob seguía sin creer que su ídolo, ese gatito del que escuchaba muchas grandes historias del sistema de información de los gatos y perros se le hubiera manifestado y le hubiera dicho que estaría cuidando de él, que pronto llegarían a verlo y que siguiera donando alimento a los pequeños de su barrio, ese amigo, ya le consideraba así era muy altruista, se preocupaba por todos, no era como el gato común y eso hacía que le admirase más.

Todo estaba en calma, al menos por el momento y eso se representaba en esperanza para todos, si, las cosas eran preocupantes en el Asilo, pero eso era temporal, el mal nunca ganaría al bien y en el mundo hay muchas personas de hermoso corazón.

Ari Gatita

desde el Hogar de Transferencia

Principios de Primavera 2021

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