Bob, su sueño

Bob estaba que no se creía nada, le había pedido a su amiga que le diera un arañazo para saber que no estaba soñando, todo su esfuerzo estaba dando frutos y por fin conocería a su ídolo, a su primo, al gatito mago llamado Cash

Por Ari Gatita.

Bob estaba en el jardín, paseando entre la vegetación y subiendo en uno que otro árbol, esa mañana después de su ritual acostumbrado decidió salir un momento a despejar la mente, era de los pocos afortunados de contar con un amplio y hermoso jardín que sus humanos cuidaban con gran esmero, se podía ver las plantas de ornato y una que otra suculenta, a él le gustaba tomar unas siestas a la sombra de un pequeño pino que aún no alcanzaba gran altura, pero que para su tamaño se podía dormir cómodamente, hacía unos cuantos días que no sabía nada de su amiga la gata «sin nombre» y estaba preocupado, pensaba que aquella bribona se había llevado el alimento engañándolo, no quería pensar mal, pero estaba desesperado de no saber nada del encargo que le había hecho.

Bob soñaba con ser Cashitop, le hubiera gustado ser elegido por las grandiosas Diosas felinas y ser él el que tuviera la magia a su favor, quería hacer grandes proezas como su héroe, aún que a veces se sentía muy triste por saber lo que Cash había sufrido antes de ser llevado a ese santuario de gatitos que todos ellos llamaban el Asilo, a él no le hubiera gustado compartir el amor de un humano con muchos primos, a el no le hubiera gustado nada eso, le encantaba ser un consentido y gozar del amor de su familia, sabía que sus primos del Asilo habían encontrado amor, seguridad y comida, por las noticias felinas sabía que había ocasiones que ese alimento escaseaba y eso no le agradaba, el no dejaba pasar la hora de sus alimentos y le compartía a sus primos que se acercaban a verlo comer, sabía que algunos de ellos no habían probado bocado en algunos días y eso le ponía demasiado triste, no entendía porque los humanos no eran compartidos con ellos, por su experiencia conocía el amor que ellos podían dar y no creía nada de lo que sus primos de la calle le contaban, que había otra clase de humanos que hasta gozaban maltratándolos y hechándolos a escobazos cuando se acercaban a pedir ayuda, a pedir alimento o que les dejaran estar debido a alguna herida de peleas entre ellos o entre sus otros primos los perritos.

Bob dejó de pensar en ello, era demasiado increíble para él y no quería ponerse triste, así que se acomodó a la sombra del pino y se se dispuso a tomar la siesta de la mañana, estaba cerrando sus hermosos ojos cuando vio que su amiga, la gata sin nombre entró casi corriendo al jardín, Bob se puso en alerta de inmediato, a lo mejor su amiga necesitaba de ayuda y el estaba más que presto para proporcionársela, la gata sin nombre pasó como un bólido, sin detenerse a verlo siquiera, fue directa al salón donde pensaba que se encontraría su amigo, Bob estaba que no se creía nada de lo que veía, era la primera vez que su amiga no se tomaba el tiempo en olisquear las flores del jardín, era muy raro su comportamiento y caminando tranquilamente, después de cerciorarse que no la seguía nadie fue al salón donde se encontró que la pequeña «gata sin nombre» estaba buscándolo hasta de debajo de la alfombra, Bob se dirigió hacia ella y le habló, pero cuando ella escucho a su amigo pegó un brinco que casi alcanza el escritorio, ¡la había espantado! Ya recuperada del susto su amiga con palabras llenas de emoción le comentó que al fin le habían llegado noticias, unos pequeños gatos hablaron con sus héroes y le habían comunicado su deseo, estos mismos michis les habían rogado que fueran a verlo, ya que había dado de comer a muchos necesitados en su afán de llevarles el mensaje y los compañeros habían decidido ir a conocer a ese pequeño que tanto quería conocerlos.

Bob estaba que no se creía nada, le había pedido a su amiga que le diera un arañazo para saber que no estaba soñando, todo su esfuerzo estaba dando frutos y por fin conocería a su ídolo, a su primo, al gatito mago llamado Cash, confirmaría la belleza de Daniela, el valor de Gitol, la dedicación de Tango, la inteligencia de Blue y el amor por todos los gatitos de Kity, vería si realmente erran tan traviesos esos rinteles y conocería a las lechuzas, esperaba que los huevos de éstas ya hubieran eclosionado para jugar con esas pequeñas aves.

La «gata sin nombre» le dijo que tenía que repartir nuevamente una ración a la «red de información felina», ya que eso les había prometido, Bob le dijo que si, pero para cumplir y quedar «muy bien» con ellos, esta vez les compartiría más de una ración, haría llegar unos costalitos a toda la red y para ello le pidió a su amiga que volviera más tarde con «algunos ayudantes» para que pudiera llevarse todo ese alimento.

Bob estaba tan feliz con la noticia que ya no quería echar la siesta, así que empezó a buscar por toda la casa su cepillo, ese cepillo que sus humanos usaban para peinarlo, ¡quería estar muy guapo! para que la llegada de sus héroes no le tomara desprevenido, voluntariamente se metió al baño para estar muy, muy limpio y como pudo se baño y algo más raro aún, el pequeño empezó a «limpiar la casa», es decir corría como loco y se echaba para barrer todo el piso (algo que no debía hacer, ya que debía bañarse de nuevo), corría y corría y al mismo tiempo barría y barría, el pequeño quería recibir muy bien a los compañeros, lo que no sabía el pequeño es que todavía faltaban unos días para que los compañeros llegaran a visitarlo.

La «gata sin nombre» regresó como se lo había pedido Bob con cuatro compañeros para que le ayudaran a llevarse ese «gran costal de alimento», como pudieron los pequeños arrastraron el alimento y se lo llevaron. Bob estaba más que complacido y muy sucio debido a la «limpieza» que había hecho así que se sentó a la sombra del pino y empezó a limpiarse a conciencia, terminada su limpieza se acomodo y empezó su siesta.

Bob estaba soñando que una voz le hablaba y le decía que sus amigos no llegarían a la cita, que estaban condenados para perderse en el intento y encontrar malos humanos y alguna que otra gran rata, esa misma voz le hacía ver cosas horribles, veía como algunos humanos maltrataban a sus primos felinos y caninos, veía como las ratas acechaban a las crías de sus primos y como intentaban comerles, veía que algunos bebés no tenían oportunidad de escapar y eran devorados por esos animales, también vio a una gran rata con cuernos que se enfrentaba a Cash y casi le derrotaba, no, no era un sueño el que tenía, era una pesadilla de la que no podía despertar y el pequeño se revolvía en la maleza de debajo del pino.

En eso una gran araña empezó a bajar del pino y empezó a acercarse sigilosamente a él, sumido en su pesadilla no podía advertir el peligro, la araña se acercaba cada vez más y más y ya estaba subiendo por su lomito para mordele el cuello e inyectarle su veneno, en eso escucho una voz a lo lejos, era una voz potente y tranquilizadora, era una voz que transmitía paz y al mismo tiempo creyó reconocerla, ¡era la voz de cashitop!, que decía -detente ser dominado por el Caos, y regresa al lugar de donde no debiste salir-

Al fin había llegado su amigo Cash, o al menos eso pensaba, porque cuando abrió los ojos no le vio por ningún sitio, pero si vio que una enorme araña se iba subiendo por las ramas del pino, Bob no entendía, ¿acaso esa voz que había escuchado era producto de su imaginación? ¿Era acaso un subproducto de su pesadilla? En eso estaba cuando volvió a escuchar la misma voz que le decía:

 -No Bob, ni es tu imaginación, ni estas soñando y mucho menos te estás volviendo loco, soy yo Cash, Bastet me avisó que debía cuidarte porque por la labor de dar de comer a los hambrientos has llamado la atención del Caos y aparte tu insistente deseo de conocernos atrajo su mirada hacía ti, es por ello que estoy contigo en mi forma etérea para cuidarte, al menos en lo que llegamos-

Bob se quedó con la boca abierta, ¡estaba siendo cuidado por su héroe!

Continuará.

Ari Gatita

desde el Hogar de Transferencia

Mitad de invierno de 2021

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