Bob el Sobrino de Aylin y su Deseo (Cuento)

Bob se quedo satisfecho, con su paso elegante fue a buscar a su humano para jugar como a él le gustaba al verlo se acercó con todo el sigilo felino del que era capaz y tocándole el brazo con los cojinetes de sus patitas delanteras salió corriendo para ser perseguido por su humano, era un día más en su vida, pero un día feliz porque vería su deseo convertirse en realidad…

Por Ari Gatita

Era una tarde hermosa, el sol se filtraba por las cortinas de la gran ventana (al menos así la dimensionaba), los rayos del sol hacían visible las motas de polvo que flotaban en el ambiente, él, Bob se levantó del mullido cojín que adornaba su sillón favorito, ese sillón que ya llevaba tiempo ahí, de color verde y muy, muy confortable, no le hacía falta el cojín rojo que sus humanos habían puesto para que él estuviera más cómodo, no, no hacía falta., estiró sus patitas delanteras conforme al ritual de los felinos. Al levantarse observó el entorno, miró los estantes llenos de libros de esa habitación que hacía las funciones de estudio, miró el escritorio y el computador que le coronaba, ahí pasaba mucho tiempo con su humano preferido, no entendía porque lo bajaba a cada momento, pero a él no le importaba, le demostraba a su humano cuanto le amaba, miró la puerta, seguía abierta y entendió que nada había pasado mientras el tomaba la siesta vespertina.

Bob saltó del mullido sillón y empezó su serenísimo andar sobre la alfombra, esa alfombra que en sus correteos de juego llegaba a mover con toda su gatunosidad, le encantaba tocar con sus mullidos cojinetes a su humano preferido y salir corriendo para que le persiguiera por toda la casa, así llegaba a pasar la mayor parte del tiempo.

mientras andaba con ese paso elegante de todos los felinos sobre la mullida alfombra Bob recordó cuando llegó a su familia, había sido ya hace dos años, pero lo recordaba como si hubiera sido ayer, el día y la fecha realmente no importaba para él, para Bob, lo más hermoso es que había sido adoptado, recordó que había salido disparado por el miedo, no entendía ni recordaba porque se había visto en la necesidad de salir corriendo hacia esa construcción humana en la cual entraban muchos humanos, era un centro de salud de los muchos que hay en la Ciudad de México, ahí observo una puerta donde se alcanzaba a vislumbrar una figura humana masculina, le pareció de mucha confianza y mientras pedía ayuda en ese idioma que tenemos todos los gatos, es decir a maullidos insistentes se acercó a él y se metió en lo que después supo que era un consultorio donde los humanos enfermos entraban a pedir ayuda a ese humano confiable para que les curara de sus dolencias y con ese mismo espíritu altruista el humano le adoptó y le llevó a su nuevo hogar y su nueva familia.

Y valla que había tenido suerte, ahí había conocido al otro humano que le amaba y su tía humana y a su abuela, en fin a una gran y hermosa familia.

Siguió su camino hacia sus platos de agua y comida, iba cavilando en todo ello y se sentía afortunado de haber encontrado a su familia humana, sabía, gracias a las noticias felinas del barrio que había muchos pequeños, más de los que debería haber, que se encontraban en una situación desagradable, algunos sin casa, otros sin alimento, otros más enfermos, todo ello se debía a esa enfermedad que estaba azotando a los humanos, esa enfermedad que los atacaba y los estaba ¡matando!, dejando desvalidos a muchos de sus primos felinos, a otros más cánidos, a algunas aves y otros más que ellos, los humanos llamaban «mascotas».

El sistema de noticias felinas del barrio consistía de varios pequeños felinos que de boca en boca iban pasándose la información más relevante de la ciudad, se decían en donde había gente caritativa dando alimento, en que veterinaria les atendían sin cobrar un céntimo, del mercado que apartaba la comida para ellos, del lugar más seguro para pasar una noche, del lugar calentito para echar una siesta a medio día y sobre todo de todo lo relevante para ellos, los pequeños animales no humanos que compartían espacio con las personas.

 Acercándose a sus platitos vio pasar a la gata del barrio, esa pequeña tricolor que nadie había querido adoptar debido a sus colores, era negra, naranja y blanca, llena de motitas y que aún cuando nadie la quería meter a su casa, gozaba de la fortuna de que no era rechazada por nadie, la dejaban descansar en los jardines y puertas de todas las casas del barrio, contaba ya con algunos años a cuestas y todos los gatitos la consideraban la «matriarca» del barrio, ella estaba siempre informada y así mismo pasaba la información a todos a cambio de algunas croquetitas, así que Bob le invitó a pasar y le compartió su alimento y su bebida, a Bob le encantaba compartir todos los momentos con esa gata, de alguna forma la consideraba una madre, estaba llena de achaques a su edad, pero era agradable platicar con ella, pero en esta ocasión la pequeña «sin nombre» estaba muy excitada, comía con prisa para poder empezar la charla y Bob la dejaba comer tranquilamente, el bebía y comía despacio, con esa seguridad que da el tener alimento regular todos los días y cuando quisiera, la veía con una expresión de diversión sana, Bob es un gato muy compartido y le agradaba comer con compañía, ya fuera humana o como en este caso con su compañera felina.

la gatita «sin nombre» terminó sus alimento y empezó a contarle las noticias del día, esas noticias que viajan veloces y que muchas veces no se sabe de su procedencia, pero que tenían a Bob con la expectativa diaria de conocerlas, gracias a esa gata había conocido la historia de nuestros compañeros, la misión que tenían (y eso que era secreta) y las aventuras que estaban pasando. Bob estaba al tanto y seguía con gran interés esas noticias, claro, la gata se hacía del rogar y antes le contaba todas las historias del Barrio, de como estaba su amigo el Perro de 3 casas más allá, de lo que pasaba en el mercado, de las personas enfermas, de su odisea por conseguir no solo atención médica, sino, de los insumos que requerían, etc.. Así seguía nuestra amiga hasta que llegaba a las noticias de los aventureros, cuando eso pasaba, el carácter de Bob cambiaba, se acomodaba más en una postura más cómoda y cerraba sus ojos color ámbar para dejar correr su imaginación mientras escuchaba lo que la gata le platicaba de sus héroes.

Fue así que se enteró que los pequeños estaban por llegar a la Ciudad de México, pero debido a su ruta quizá no llegarían a dónde él tenía su hogar, Bob quería conocerlos, ver a sus primos, a Gitol que guardaba un parecido con él, a Tango, el gato gris salvaje de mordida delicada, a Kitty la hermosa gata bicolor, a Daniela la prima intelectual, a Blue el gato vanidoso pero muy inteligente, pero sobre todo quería conocer y platicar con ese pequeño gato mago que era el héroe de todos, a Cashito, quería conocer a esos dos cacomixtles de los que había oído hablar a los mayores pero que no conocía como eran y ver como estaban las lechuzas. En su imaginación se veía junto a ellos, siendo protagonista de sus historias y en realidad era como un vaso de agua fresca en un desierto de noticias a veces muy malas y crueles.

Bob tomó una decisión y no importaba cuanto alimento le costaría, él conseguiría conocer a sus aventureros, así que le hizo una propuesta a su amiga gata y esta era que por favor hiciera correr la voz en las «noticias felinas» de que él quería conseguir conocer a sus héroes, la gata abrió más sus hermosos ojos azules y abrió la boca dejando caer un bocado del alimento que entre noticia y noticia comía, le hizo saber a Bob que eso era muy costoso, ella tendría que llevar parte del alimento en toda la red y eso iba a costar mucho, a Bob no le interesaba el gasto, esa era una ilusión que tenía y como todo gato consentido quería conseguirla, además quería que los pequeños en su forma humana le hicieran saber a su familia lo mucho que les amaba, lo mucho que se sentía afortunado de estar con ellos y sobre todo que por favor no se olvidaran de sus primos y les amaran como le amaban a él.

La gata se puso en marcha ya llena su barriguita, tomó algunas croquetas de más que había en una bolsa y como pudo se la llevo cargando en su hocico para empezar la «labor de correr la voz».

Bob se quedo satisfecho, con su paso elegante fue a buscar a su humano para jugar como a él le gustaba al verlo se acercó con todo el sigilo felino del que era capaz y tocándole el brazo con los cojinetes de sus patitas delanteras salió corriendo para ser perseguido por su humano, era un día más en su vida, pero un día feliz porque vería su deseo convertirse en realidad…

Continuará.

Ari Gatita

desde el Hogar de Transferencia

Mitad de invierno de 2021

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