La isla misteriosa

La isla empezó a emerger del océano y con ella la embarcación que parecía minúscula en comparación con el entorno que surgía del mar…

Por Ari Gatita.

Todos los compañeros estaban en sus ocupaciones y preocupaciones, cada uno de ellos tenía deseos en especial, aún cuando habían cumplido la misión y además de haber recibido excelentes regalos sentían que éstos no habían sido dados tan a la ligera, había en ellos alguna especie de «destino» que les acompañaba, Kitty fue la primera en dar con las referencias de que los Dioses no daban obsequios desinteresados, siempre, atrás de ellos llevaba una misión en especial, también había leído que esos «obsequios» eran una especie de «prueba» para quien los recibía y en muchas ocasiones no terminaba bien para los receptores de semejantes poderes.

El planeta y sus habitantes estaban pasando por momentos muy difíciles, todas las especies estaban experimentando sutiles cambios en algunas y en otras unos cambios extremos, especies que siempre habían sido solitarias estaban conformándose en manadas para sobrevivir, otras especies sociales estaban siendo orilladas a comportarse como especies solitarias, la Naturaleza lo sabía, por ello estaba en extremo preocupada y enojada, no se cansaba de demostrar en años pasados ese enojo con todas las especies, buscaba un responsable y no podía encontrarlo aún, sospechaba de la especie humana, pero no tenía pruebas para terminar con el abuso que estaban haciendo de su entorno.

Sekmeth había hecho un regalo muy inusual, el transformarse en leones y comportarse como manada para una especie que no solía actuar así como ellos los felinos, además de los cacomixtles y las lechuzas no era normal, ese obsequio estaba totalmente reservado para seres realmente escogidos y seleccionados por ella, evaluaba a cada uno de los receptores y lo otorgaba, pero nunca a un grupo tan numeroso como nuestros aventureros, era muy extraño e inusual ese comportamiento de la Diosa.

Bastet, la diosa del hogar, la felicidad y la armonía le había otorgado un don inusual a Kitty desde el inicio de su aventura, y ese había sido la curación y la paz, ese aún cuando era una de las potestades de la Diosa era un poder que nunca otorgaba, no había precedente alguno que lo hiciera en el pasado, ese poder no lo daba nada a la ligera la Diosa y menos con la intensidad que había demostrado Kitty que poseía, era demasiado inusual, nada normal.

El Dragón Dorado nunca había otorgado la magia a ningún ser que no la poseía, se caracterizaba por educar a los que poseían la chispa y solamente ayudaba a que incrementaran su poder, pero nunca había dado parte de su propia magia, él era la causa de toda magia en el mundo y únicamente había dado su poder a sus hermanos los Dioses, pero nunca, nunca a seres normales.

Algo raro se estaba orquestando y pareciera que los Dioses necesitaban de esos pequeños felinos, el porque los eligieran era un misterio que solamente ellos sabían y nunca compartirían, eso llenaba a la nave de un ambiente de zozobra y preocupación que nunca habían experimentado nuestros pequeños aventureros, había pocas cosas que los Dioses no pudiesen hacer, en especial cuando podían actuar en conjunto y esos tres eran de los más poderosos en su género, no había casi nadie que pudiese enfrentarse a ellos sin recibir una andanada de la más pura y poderosa magia que los cuatro poseían y lo único que podría detenerlos era otro Dios, uno que fuera igual o más poderoso que ellos, la gran diferencia era que ellos no podían enfrentarse abiertamente con sus hermanos y por ello siempre escogían a seres normales para pelear entre ellos.

Todos estaban pensando en lo mismo sin necesidad de hablar entre ellos, tal pareciera que una conciencia extraña los estaba guiando a comprender el alcance de los obsequios de las deidades, todo eso sucedía mientras dentro de la nave pasaba algo extraño, los sistemas que controlaban la velocidad estaban empezando a estropearse debido al marcaje de los cacomixtles, Tango y Blue, era raro ya que el sistema de limpieza, controlado por los robots, no había pasado por donde marcaban nuestros amigos, eso era sumamente raro, pero comprensible, los sistemas informáticos tendían a dejarse llevar por el caos de sus códigos y en muchas ocasiones no consideraban lo improbable, ya que no lograban «comprender» lo complejo de los seres vivos.

El barco empezó a hacer sonidos extraños en la sala de máquinas, por aquellas cosas raras de la vida el sistema se había quedado trabado entre avanzar y retroceder, dañando la transmisión. Cash al tiempo que la nave hacía eso sintió un gran dolor y al tiempo que la transmisión dejó de funcionar sus piernas dejaron de sostenerlo y dio un gran grito que resonó en toda la embarcación.

Tango que se la pasaba en el puente inmediatamente tomó los controles manuales y apagó la nave, soltó el ancla e hizo sonar las alarmas, todos salieron disparados a todo lo que daban para llegar al puente, si Tango había detenido la marcha y Cash estaba tendido en el suelo del salón cuidado por Kitty si que estaban en serios problemas.

Tango empezó a relatar lo sucedido y les señaló por la ventana una extraña formación que estaba delante de ellos, de la nada empezó a formarse una isla sin las características de ser volcánica, pareciera que el fondo marino estaba saliendo de pronto sin explicación alguna y la embarcación estaba a punto de ser levantada por ese fenómeno y ellos no podían hacer nada, Cash estaba inconsciente y la nave inutilizada.

La isla empezó a emerger del océano y con ella la embarcación que parecía minúscula en comparación con el entorno que surgía del mar, aparecía con todo y una vegetación muy espesa y gigantesca, los compañeros quedaron muy sorprendidos y temerosos, no daban crédito a lo que sus ojos de felino observaban, el barco se ladeaba y un árbol que emergía le sostuvo, tal pareciera que la isla quería que permaneciera tal y como surcaba las olas del mar, es decir estable en ese mar de vegetación que surgía imponente ante ellos.

El barco al estar apagado dejó de tener su temperatura y comodidades, las cuales hacía que el viaje fuera muy cómodo, nuevamente el calor del océano hacía que los pequeños empezaran a sufrir incomodidades por ello salieron de él y empezaron a estudiar su entorno desde la cubierta del barco, había árboles que podían usar, ayudados por sus garras para bajar e investigar donde estaban, pero si lo hacían debían dejar a algunos de ellos que en forma humana y ayudados por los libros del dragón empezaran la reparación de las maquinas de la hermosa nave. Esa era una de sus cualidades como grupo, dejarse de inútiles discusiones para tomar las decisiones grupales para el bien de todos, así eran y habían sido educados los pequeños felinos.

Todos se prepararon para hacer las funciones para las cuales cada uno se sentía mejor preparado cuando de la inmensidad del frondoso follaje empezar a escuchar una especie de voz que se dirigía a ellos.

Ari Gatita desde el Hogar de Transferencia

Principios de Invierno de 2020

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