El retorno al hogar

Papá Noel les dio muchos juguetes que la propia Mamá Noel había fabricado con sus propias manos, era la primera vez que cada uno tenía el placer de tener un obsequio para ellos solos…

Por Ari Gatita

La celebración fue hermosa e inolvidable para aquellos compañeros, probaron todos los alimentos que los humanos comen sin problemas y que para ellos en su forma gatuna podría ser veneno, los Dioses y los Noel les colmaron de bendiciones y mimos y ellos a sus amigos, ya no eran solamente las entidades frías y caprichosas que todos pensaban que eran, se habían convertido en amistades que como en tiempos actuales cuando uno quiere comunicarse con un ser querido marca un número de teléfono y charla con esa persona querida, ellos entonaban sus oraciones y ya tenían la seguridad de que sería no solo escuchada, sino, respondida por sus deidades, incluida la más caprichosa y la más temible, la Naturaleza.

Por primera vez en toda su vida habían llenado la barriga con tan suculentos manjares, y lo mejor de todo, no habían temido por la presencia de otro depredador ni de un humano que se acercara de curioso para verlos comer, ellos no entendían ese afán de los humanos de observarlos comer, cuando ellos se acercaban era para mendigar unos grumos de pan o de carne o cualquier cosa que les aventaran para echarse a la panza, la vida no había sido nada fácil para ninguno de ellos y esa navidad se les había concedido su mayor deseo, pasarla sin preocupación de conseguir alimento.

llegó el momento de la despedida y los Dioses se fueron acercando a cada uno de los aventureros, les dijeron que el primer obsequio era transformarse a placer en seres humanos, así ante cualquier peligro con esa especie podían al menos defenderse en igualdad de circunstancias, o mejor aún, podían ayudar en las labores del Asilo y el Hogar de transferencia a sus queridos humanos, a los cuales la edad ya les estaba cobrando factura y cada vez era más difícil hacerse cargo de todas las labores propias de un lugar que necesitaba de mucha mano de obra que siempre escaseaba, no había voluntarios suficientes.

El segundo regalo venía de parte del Dragón Dorado, él les había dicho que podían hacer uso de una magia simple, nada complejo ya que sabía que no todos tenían la voluntad de acero de Cash, pero si podían hacer uso de lo más simple e ir educando su poder, ya que además les dejaba la copia de sus libros que había aparecido Cashitop en el barco, que los cuidaran ya que eran muy viejos y con la ayuda de Blue y Daniela, podrían aprender los idiomas para poder leerlos.

El tercer regalo era de Sekmeth, les estaba otorgando el poder transformarse en una magnífica manada de leones, todos habían demostrado que podían trabajar en equipo y debían ser recompensados por ello, al igual que los leones podían trabajar en equipo y así enfrentarse a cualquier fiera que se encontraran en el camino y que no entendiera de razones. Los pequeños pensaron en lo que les había comentado Gitol cuando mató a la serpiente y tuvieron temor del gran regalo, ya que ellos eran gatitos de ciudad, no eran fieras.

Al último tocó el turno a Bastet, ella les daba el regalo de a donde llegaran reinara la armonía y felicidad, ella los conocía bien y sabía que evitarían a toda costa cualquier confrontación, por ello les otorgaba el poder de la armonía en donde quiera que estuvieran, en conjunto o solos, además de proporcionar felicidad ahí donde estuvieran, no importaba que tan humilde fuera el lugar donde se encontraran.

Papá Noel les dio muchos juguetes que la propia Mamá Noel había fabricado con sus propias manos, era la primera vez que cada uno tenía el placer de tener un obsequio para ellos solos, además Papá Noel les otorgó muchos juguetes más para cada uno de los asilados, por fin tendrían un juguete para ellos solos.

Terminada la despedida, los compañeros emprendieron el camino para regresar a su embarcación, Papá Noel les regalo un pequeño trineo para que llevaran a las lechuzas y su nido, el trineo tenía un pequeño habitáculo en el iría la lechuza hembra con su preciado tesoro, su nido. Todos se pusieron su abrigo, ese que les calzaba como segundo manto y empezaron la marcha, no le permitieron a Cash que usara su poder para transportarlos, ese pequeño no había tenido descanso y no sacaba ya ninguna chispa, señal de que debía tomarse una temporada para no usar su magia, Blue llevaba un mapa que le había regalado Papá Noel y que señalaba el punto donde habían dejado su nave, estaba algo retirada de la casa de los Noel, pero estaban con fuerzas recuperadas y querían conocer ese lugar que los humanos llamaban tundra, y que era un gran desierto de nieve, ellos vivían en un lugar donde no caía ni un copo y querían disfrutar al máximo el viaje ya que no tenían un apuro importante, habían hablado con sus humanos desde el teléfono de la cabaña de los Noel y sabían que todos estaban bien, se habían enterado que todos sus hermanos habían recibido de regalo alimento y algunas donaciones y no era urgente regresar, se tomarían el tiempo para conocer ese lugar extraño para ellos.

Gracias a sus abrigos que tenían una especie de guantes en las patitas que eran por fuera más grandes avanzaban sin dificultad por la nieve perpetua, la lechuza mago iba de vez en vez volando para vigilar que no hubiera peligro e indicarles que parte era más segura para el grupo, los rinteles cual niños iban corriendo avanzando y retrocediendo bajo la mirada vigilante de Kitty, Daniela y Cash, éste último iba preparado por si necesitaba rescatarlos, ya que sabían por la lechuza que había algunos lugares peligrosos debido al deshielo del calentamiento global, el mundo ya no era como lo describían los libros que habían leído Blue y Daniela y que platicaban con gusto al grupo, ya entendían porque la Naturaleza era tan agresiva, ella tenía que mantener el equilibrio para que fuera habitable para todos y en el intento acababa con algunos problemas de los cuales las especies tenían que salir adelante como fuera, el mundo cambiaba para mal, por eso los pequeños querían conocerlo antes de que cambiara totalmente.

En uno de sus vuelos la lechuza macho divisó que habían unas criaturas con pelo blanco que se camuflaban con el entorno, eran muy grandes, realizó un vuelo rasante para verlas más de cerca, el par de criaturas era una madre oso y su cría, estaban buscando alimento y al ver a la lechuza la madre tiró un zarpazo que la lechuza esquivó rápidamente y regresó para informar al grupo de la presencia de ellos.

La lechuza llegó con urgencia, sabía por viajes pasados al Norte de América que los osos polares eran muy peligrosos y más si a eso se le sumaba que tenían hambre, los había visto muy delgados, casi en los huesos, sabía que habían sido empujados al borde de la supervivencia por los humanos y eran magníficas fieras, sus colmillos eran muy grandes y sus zarpas muy fuertes a pesar de que se veía que casi no tenían fuerzas, estaban muy lejos de donde por lo regular conseguían su alimento y en caso de confrontación el grupo debía de conocer la situación ya que los osos estaban en camino hacía la embarcación.

Los compañeros decidieron ir con cuidado y comunicarse con ese par de osos, sabían que en la nave tenían alimento de sobra para compartir con ellos y si lograban convencerlos, les dejarían una gran dotación, ellos ya no necesitaban tanto alimento, sabían que contaban con la reserva de comida de dragón suficiente para culminar el viaje de regreso y que si lo necesitaban podían pedirle una ración más, era imperante ponerse en contacto con esas fieras antes de que desfallecieran de hambre, ellos la conocían muy bien, había temporadas en las que si no fuera por los pellejitos de pollo que conseguía su humana, se verían en la misma situación que los osos, es decir todos famélicos y sin medir el peligro de enfrentarse a alimento vivo que puede hacer más daño que bien debido a las heridas que podían recibir de su presa, valla que si lo sabían, ellos mismos eran pequeños depredadores.

Las distancias a pesar de ir en la misma dirección y de que las fieras eran más grandes que el grupo empezaron a acortarse, el aura de armonía y felicidad, regalo de Bastet se activó cuando más se acercaban al par de osos, el grupo pudo apreciar cuan delgados eran éstos, la cría de la osa apenas era más grande que ellos y eso no era bueno, daba señas de una gran desnutrición y podía ser presa de otro oso, ya que cuando el hambre era mucha en esa especie se daban casos de canibalismo, no era nada bueno y los compañeros tenían que hacer algo al respecto y debía ser pronto debido a que toda vida era importante, más cuando se es una especie en peligro de extinción.

La osa empezó a sentirse feliz, no lograba comprender el porque, pero empezaba a sentir una felicidad que solamente podía compararse cuando era una cachorra y se encontraba con su madre, aquellos tiempos habían sido muy buenos, el alimento no faltaba y tenían una guarida calentita que les esperaba después de la caza, había tenido un hermanito y los tres habían crecido sin ningún peligro, su madre los había protegido cuando había necesidad de hacerlo, recordó como jugueteaban en la nieve, siempre bajo la mirada vigilante de la madre y también recordó cuando se habían encontrado con otra familia, esos habían sido muy bueno momentos, no había hambre y peligro en esos días, solamente corrían y se escondían cuando su madre veía humanos cazadores, pero era muy raro encontrarlos donde vivían, en tiempos pasados nunca se habían visto orillados a ir tan al sur, esos tiempos sabía ella que no volverían, por eso debía de cuidar de su pequeña hija siempre.

Al irse acercando los compañeros la osa se paró, era más fuerte el instinto maternal y de conservación que la magia que rodeaba a los pequeños, instintivamente se activó el don de Sekmeth y los seis compañeros se transformaron en unos magníficos leones, casi tan grandes como la osa, la confrontación estaba a punto de llevarse a cabo…

Ari Gatita desde el Hogar de Transferencia

Principios de Invierno de 2020

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