Cuento de Navidad del Asilo, Parte 22

La humana caminaba sin voltear, hasta que sintió en sus piernas el leve roce con una colita gatuna, era Cashitop que la seguía y no quería dejarla ir…

Por Ari Gatita

Si, Kitty sería capaz de dar su propia vida a cambio de la del pequeño Cash, era lo mínimo que podría hacer por ese felino, estaba dando su propia vida a cambio de una misión que había tenido muchísimo peligro y la vida de él había sido de todo menos cómoda, recordó como la humana había platicado cuando se lo encontró en aquella calle cerca de la tienda donde iba a hacer sus compras, debido al encierro impuesto por los gobiernos y a que se tenía que continuar con las entregas para procurar al menos el mínimo de alimento a los pequeños del Asilo, no encontraban casi ninguna tienda abierta, tenía que caminar hasta el municipio vecino para al menos tener unos kilos de alimento para los pequeños del hogar temporal, ya que los costales se iban a donde más necesidad había de ellos, es decir al Asilo, donde está la mayoría de los gatos en edad adulta. En esa tienda ella había visto al pequeño Cash, estaba pidiendo algo que llevarse a la pancita, los humanos suelen darle alimento a los pequeños que encuentran y necesitan de él, pero éste pequeño lo pedía insistentemente, la humana abrió la bolsita donde llevaba el alimento y sin importarle que habría menos para los que estaban en el hogar temporal le compartió un puñito a ese gatito que lo estaba pidiendo insistentemente, se lo puso en el piso y ella empezó su camino de regreso, Cash supo de inmediato que ese corazón tan grande le iba a proporcionar al menos una vida sin tantas penurias como las que se encuentran en la calle.

La humana caminaba sin voltear, hasta que sintió en sus piernas el leve roce con una colita gatuna, era Cashitop que la seguía y no quería dejarla ir, cuando uno de nosotros escoge a un humano o humana, no hay poder alguno que haga que el humano no nos tome en brazos y nos lleve con él.

Lo tomó en brazos y con mucha ternura lo metió en la bolsa de mandado, una bolsa de lona donde no solamente iba el alimento sino, otras compras para el día, Cash inmediatamente se sintió como en casa, esa bolsa le pareció un palacio muy mullido y cómodo, sacó su cabecita para ir oteando de un lado a otro, no quería perderse nada, además de presumir a quien quisiera verlo que iba con su «mamá adoptiva», ¡por fin había encontrado una mamá!, que no solo lo había cargado, también lo llevaba en un palacio andante muy cómodo y calentito, tal era la carencia del pequeño que todo se le hacía lo máximo, además la humana iba charlando con él, le iba diciendo que tenía muchos hermanitos felinos, que algunos tenían su carácter, pero él debería de sabérselos ganar poco a poco, que a pesar de que eran muchos, no faltaba algunas croquetitas para al menos no tener la panza vacía, que había un humano que si se lo ganaba, podría quitarse textualmente la comida de la boca con tal de que los pequeños felinos la tuvieran llena, que iba a tener una «familia numerosa», pero también muy amorosa.

Cash era muy afortunado porque los demás felinos lo recibieron bien, le brindaron amor y calor de hogar, también se había ganado el corazón de los humanos y se había sentido realmente un «hijo gato para ellos», es por ello que el pequeño se sentía muy comprometido con la «misión», quería compensar a todo el mundo las bendiciones que había recibido al encontrar una hermosa familia humana y felina, realmente se sentía muy afortunado, la vida le había bendecido y tenía que compensarle de alguna forma y sobre todo se sentía muy agradecido con ella y quería que todos lo supieran, el era muy feliz y quería que todos lo fueran.

Kitty tenía que compensarle a Cash por todo lo que quería sacrificar por la «misión».

Afuera del Orbe seguía siendo todo un caos, las olas seguían chocando con fuerza contra la nave y el orbe seguía respondiendo con la misma agresividad para anular la violencia, dentro de la nave la única que estaba consciente era Kitty, los demás aventureros seguían en una especie de sopor, todos habían quedado en la posición en la cual se encontraban cuando la luz de la esfera empezó a tocarlos y a pesar de que afuera era todo violencia, dentro estaba muy calmado, el «orbe de paz» funcionaba de una forma que anulaba todas las fuerzas dentro y fuera de él, dejando su interior tan quieto y en paz como si estuvieran dentro de su hogar, ese era parte de su poder.

Cash volvió con el Dragón Dorado, éste le estaba esperando y volvió a tomarlo en su regazo al tiempo que continuaba con esa conversación sin sonido, era la mente del pequeño felino con la suya comunicándose, no hacían falta palabras, solo se quedaban viendo con sus ojos felinos, en la mente de Cashitop volvieron a formarse imágenes que a la vez que escuchaba la voz profunda del dragón iban formándose, las enseñanzas volvían y con más fuerza e interés por parte del Dragón, el pequeño felino había demostrado ser capaz de formar la realidad a su voluntad en tan corto tiempo, pero no había podido comprender el alcance que tenía hacer semejantes portentos y aún era tiempo de que aprendiera, por eso era muy importante que el, el señor y causa de toda magia, él el Dragón Dorado, continuara con las enseñanzas.

Las olas y los relámpagos seguían azotando el mar con la violencia del huracán y el orbe seguía aguantando estoicamente el embate, pero dentro la pequeña Kitty empezó a sentir el cansancio de estar combatiendo contra la naturaleza, ella era solamente una gata y la naturaleza era implacable, además estaba acostumbrada a hacer su voluntad y castigar a cualquiera que osara desafiarla y la pequeña gata estaba desafiándola con una insistencia de la cual solo los Dioses son capaces, el arduo trabajo de combatir la violencia exterior estaba pasando factura a Kitty.

Ari Gatita desde el Hogar de Transferencia

Principios de Invierno de 2020

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