Cuento de Navidad del Asilo, parte 20

Cash le respondió que nunca se había sentido en mejor forma, esa proeza no había menguado su fuerza ni su voluntad…

Por Ari Gatita

Todos estaban boquiabiertos, lo que sus ojos estaban viendo desafiaba toda lógica, de la nada, del mismo mar y el aíre se había manifestado un enorme barco de metal, con in potente motor que hizo que el globo empezara a deslizarse por la borda, Cashitop hizo un gesto y de pronto apareció una enorme grúa que atrapó al globo e hizo que se parara inmediatamente, dejó de deslizarse y los aventureros fueron a dar con toda su gatunosidad a un costado del globo.

Pasado el susto todos se reunieron en la cubierta de ese enorme barco, estaba hecho con un metal muy brillante, pero que no reflejaba el calor del mar, era hermoso y enorme, Cash reunió a todos y les hizo pasar bajo cubierta a un gran salón que era semejante a su salón en el hogar temporal, pero que a diferencia de éste, estaba lleno de enormes bolsas rellenas de plumas, muy mullidas, a un lado de ellas estaban los areneros que automáticamente cada cierto tiempo un rastrillo pasaba sobre ellas y les quitaba todas las deposiciones que cualquier pequeño pudiese haber hecho, todavía más retirado había platitos repletos de todos los alimentos que los pequeños sólo habían oído hablar, había carne, mucha carne ya que todos los que estaban ahí eran carnívoros, había agua y un liquido que sabía muy bien y que llenaba igual que un buen plato de comida, ese salón era el sueño de todos ellos, un sueño hecho realidad que el pequeño gatito mago había creado del mismísimo aire, del mar, de algunos peces y moluscos que habían estado cerca al momento que la voluntad del pequeño gatito se había manifestado.

Dentro de ese salón había estructuras similares a árboles de esos que habían dejado atrás y sobre ellos había algunos nidos que bien podrían servir a las lechuzas y otros para que corretearan los pequeños rinteles, todo estaba hecho con un magnífico detalle natural, pareciera que seguían en el bosque, porque en el techo del salón había una especie de pantalla que reproducía el cielo, y que además se veían pequeñas aves, era como estar en la naturaleza pero sin las molestias de la temperatura y los depredadores naturales, ahí estaban los únicos que podían depredar y no necesitaban hacerlo. Todos los animalitos estaban muy sorprendidos, los cacomixtles veían aún con más admiración a ese pequeño gatito que era el objetivo de todas sus atenciones, ese pequeño felino había hecho una proeza aún más impactante que haberse convertido en una hermosa águila.

Gitol se acerco con miedo a Cashitop, amaba a ese gatito, lo había recibido como a todos en el Asilo, le había soportado sus jugueteos de bebé y había visto con orgullo como había crecido, pero ahora le temía y lo admiraba, veía con sorpresa cuanto había madurado en tan poco tiempo, en realidad estaba muy sorprendido, se le acercó y le pregunto si se sentía cansado, Cash le respondió que nunca se había sentido en mejor forma, esa proeza no había menguado su fuerza ni su voluntad, el único cambio era que al acariciarle no se veía que sacara alguna chispa de las que en días pasados hacía insoportable estar a su lado, Gitol observó sus ojos, éstos mostraban a un ser de muchos años de experiencia, con un brillo azulado que hacía imposible sostenerle la mirada, si, su Cash había experimentado una gran transformación en tan solo una noche.

Cash le indicó a Gitol y a Blue que le siguieran al puente del enorme barco, les iba a enseñar como manejarlo en caso de emergencia, ya que el mismo barco se manejaba solo, dentro de lo que había imaginado Cashitop era que el barco fuera totalmente automatizado, solo en caso de una urgencia enorme podía ser controlado por las patitas de esos gatitos, todo estaba hecho según las costumbres y las necesidades felinas, en cada esquina del barco había un tronco para que éstos pudiesen marcar y rasguñar a su antojo, había escalones y botones de suficiente tamaño, forma y sensibilidad para que fuese controlado por una garra gatuna, tal vez para un humano fuera difícil entender esa disposición de controles que pareciera no tener lógica alguna para ellos, pero para los felinos era natural, había pasos de pequeños troncos a los costados de las paredes, puentes en el techo, controles aquí y allá, juguetes colgados que pareciera que no tuvieran función, pero que prendían una luz, cambiaban la temperatura, modificaban el aire, en fin, todo para que ellos estuvieran muy cómodos en ese lugar, parecía el paraíso felino en una embarcación.

Los rascadores por los que pasaban y que aprovechaban para marcar y afilarse las zarpas se regeneraban, no pareciera que hubiese daño alguno después de dejar sus marcas, todo era de un material muy similar a la madera, pero no era tal, todo había sido hecho por la voluntad del mago y todo parecía tener vida propia, todo tenía una función, nada había sido creado al azar por ese gatito.

En la parte creada para las aves, había muchas cosas que eran necesarias para que ellas estuvieran muy a gusto, con todo lo necesario para que su estancia fuese muy, pero muy cómoda, para los cacomixtles estaba todo ordenado para que las pequeñas criaturas estuviesen en forma y a una temperatura muy agradable, el lugar estaba exento de otros animales, Cashito había hecho todo para ellos, para que estuvieran en una especie de santuario.

Los tres compañeros llegaron al puente y observaron el timón hecho para los felinos, estaba inundado de maquinas que los humanos llamaban computadoras y que hacían que controlaran toda la embarcación, había controles para la velocidad, para la temperatura, para ña dirección, en fin, todo preparado para que los felinos solamente se sentaran en una especie de sillón muy mullido desde el cual se observaba la inmensidad del mar. Los controles de dirección del barco marcaban al norte, ya no había necesidad de que salieran del barco para ubicarse como lo hacían desde el globo, todos iban a viajar muy cómodos, o al menos eso esperaban, ya que a lo lejos empezaron a ver como se formaban nubes de tormenta, si, estaban por atravesar un huracán y las alarmas del barco empezaron a sonar.

Ari Gatita desde el Hogar de Transferencia

Principios de Invierno de 2020

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