Cuento de Navidad del Asilo, parte 17

Blue no quería despertar a nadie, aún no era momento de alarmar y faltaba poco para que el Sol asomara su bella cara y así poder posicionarse realmente…

Por Ari Gatita

Cash seguía con atención todo lo que le decía el majestoso Dragón Dorado, a pesar de su naturaleza distraída, él estaba poniendo mucha atención a las palabras que sin salir de la boca del Dragón el escuchaba muy bien.

El Dragón pasaba de un tema al otro de una forma muy particular, pareciera que no tenía ninguna relación un tema con el que se le encadenaba, pero no era así, para una mente que llevaba siglos de vida era sencillo encontrar cualquier relación entre temas y eso confundía a Cashitop, que trataba de grabar todo en su pequeña mente de gato.

Blue estaba sentado a un lado de los controles de altura del Globo, lo acompañaba su inseparable Daniela, ambos casi no sentían el frio debido a su naturaleza, uno de pelo largo y la otra con doble pelaje, sabían que la misión estaba recién empezando y ambos querían demostrar su valía, sus hermanitos estaban echos ovillo, calentándose unos a los otros, al igual que los cacomixtles que ya tenían la confianza suficiente para acercarse a ellos y convivir como si fuesen un par de gatos más, es sorprendente la forma de adaptación que tienen todas las especies para convivir sana y cordialmente entre ellos, y el par de lechuzas se encontraban descansando en el lugar donde les habían preparado su nido.

Todo parecía ir normalmente, cruzando los campos y ciudades en dirección norte como lo habían indicado las lechuzas, a su paso se topaban con bandadas de aves que iban en dirección contraría y que sin quererlo iban haciendo pequeños daños al globo, nada de importancia, pero si se les sumaba iban perdiendo algo de altura y esa pérdida de altura los llevaba a otras direcciones, los dos pilotos no se habían dado cuenta, ya que no tenían ningún sistema de medición de altura que pudiesen leer, pero si percibían los cambios de temperatura y los pequeños bandazos que el globo iba haciendo.

De pronto dejaron de ver el negro paisaje tachonado de luces que eran de las ciudades que iban pasando y solo percibían un negro profundo con un fresco aroma a sal y una brisa que a esa altura apenas se percibía, pero que a los pilotos les iba mojando el manto, haciendo que empezaran a tener frio, Blue empezó a limpiar a su inseparable Daniela y ella a él, y notaron más el regusto a sal, si, pensó Blue, estamos en el mar, espero que siga siendo en dirección norte, porque si no es así, estamos en un grave problema.

Blue no quería despertar a nadie, aún no era momento de alarmar y faltaba poco para que el Sol asomara su bella cara y así poder posicionarse realmente, tampoco le mencionó nada a Daniela, pero ella conocía muy bien a Blue, éste hermoso gatito la había criado a su semejanza desde pequeña, desde que llegó al Asilo, Blue la había elegido como su hijita preferida y ella lo conocía muy bien, captaba cualquier modificación de su ánimo y lo interpretaba muy bien, ella misma se extrañaba a veces de cuan compenetrada estaba con ese hermoso Birmano.

Justo unos minutos antes de amanecer, Blue decidió despertar a Gitol, ese pequeño parecía que no supiese nada de la vida, con esa cara tan tierna y los ojos expresivos que conquistaban a cualquier humano y su pelaje naranja de pelo corto, conseguía más información y la acumulaba en su mente de felino para cuando la necesitara, era el gato más sabio de toda la gatera y tenía que consultarlo e informarlo, le pidió a Daniela que lo despertara delicadamente, ya que el no podía hacerlo y esa costumbre que tenía, hacía que Gitol siempre le riñera y a esa altura no podían tener peleas, así que Daniela se acercó a Gitol y empezó a bañarlo delicadamente hasta que éste empezó a abrir esos hermosos ojos ámbar.

Poco a poco Gitol fue abriendo esos ojitos ámbar, tan hermosos como su manto y que hacían un juego natural que le hacía ver muy bien, abrió su boca en un bostezo mañanero, enseñando esos colmillos filosos que tienen todos los felinos, pero que en él se veían mejora debido a su barbilla y labios color blancos, estiró sus patas delanteras en un estiramiento natural en todos los gatos, para después arquear su lomo y terminar de desperezarse, Gitol seguía este ritual siempre, ya que nunca se sabía cuando debía tener los músculos preparados para cualquier urgencia, ya fuera para cazar o para salir huyendo, uno debía ser precavido y tenía que estar preparado para cualquier inconveniente.

Terminado su ritual, alzó sus ojos y miró a Daniela con los ojos de abuelo, el se consideraba el padre y abuelo de todos los gatos de la gatera, sabía que cualquiera lo limpiaría, ya fuera para reforzar los lazos familiares o como en ese caso, despertarlo con delicadeza, la miró y le dedico un beso felino, es decir, le entrecerró los ojos, cosa que Daniela respondió, Daniela amaba mucho a ese gato naranja, más que a su Blue, pero nunca se lo diría, su naturaleza hacía que esas cosas permanecieran en silencio, pero no podía dejar de demostrárselo y se dejó caer a un costado de ese hermoso gato de manto naranja, incitándolo a juguetear un poco antes de que Blue le informase, Gitol le mordió el cuello en ese juego que todos los gatos siguen y Daniela empezó a patalear con sus patitas traseras y a morderlo también, ese pequeño juego reafirmaba los lazos familiares en toda la gatera y hacía que se reconocieran las jerarquías que hay en todo Asilo.

Ari Gatita desde el Hogar de Transferencia

Principios de Invierno de 2020

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